¡Qué verde era mi valle!

Se acerca el fin de semana. Por fin. Y también se acerca la primavera, el buen tiempo. Es momento de pasear, de ir al campo, del parque y de todas esas posibles imágenes bucólicas que os vengan en mente. Sucede que en esas imágenes mentales nunca sale nuestro cuerpo vestido. Sucede también, que cuando nos proponen un plan de este tipo, más vale que tengamos soluciones a mano porque un domingo por la mañana va a ser difícil salir a corriendo a comprar la prenda salvación. Básicamente, porque el concepto OpenCor aún no ha llegado al imperio Inditex. Que todo se andará…

Por lo extraño y poco habitual de la situación, la entrada de hoy girará en torno a paseos por el campo, en toda su extensión. Campos con barro, con césped, de jardín, para pasear al perro, de la mano con tu pareja, montando a caballo, en quad o contando margaritas silvestres. En definitiva, todo lo que no sean cemento y alquitrán.

Para que sea más sencillo, voy a establecer dos tipologías genéricas que abarcarán muchas más, similares por supuesto. Serán:
1. Paseos por el parque o cuando el campo está dentro de una urbe
Recoge todos aquellos lugares en los que hay césped, banquitos, laguitos, estanquitos, columpitos y demás diminutivos preciosos y primordialmente, limpios. Es decir, desde el Retiro hasta Central Park. Podremos pasear en pareja, sentarnos a leer, pasear a nuestro perro o caminar simplemente. En ningún caso incluiremos temas deportivos, ya que si así fuese, habría que vestirse de manera adecuada (en ropa de deporte, claro está). Para pasear por un parque propongo una idea similar a la que tenéis en la parte izquierda de la fotografía: una chaqueta de punto larga, gruesa con una camiseta de algodón de manga larga. Vaqueros rectos y en los pies, unas bailarinas como las de Fun&Basics o como las de Pretty Ballerinas, ultrafemeninas. También es posible unos pitillo con botas arrugadas sin tacón. Para alegrar este look tan romántico de paseo y aire puro, un broche de fieltro en la solapa como los de El jardín de Lulaila.
2. Paseos por el campo o cuando el suelo tiene irregularidades y queda más lejos de la ciudad
Hacemos referencia a la imagen que todos tenemos cuando hablamos de campo. O de la sierra. Seguramente la tierra esté húmeda y haya barro. O mucho polvo. O… de todo que se pisa y no es tierra. Por lo tanto, tendremos que seguir pareciendo divinas pero en un entorno que no ha sido ideado para ello. La comodidad en este caso es primordial. Tendréis que estar más atentas a lo que os rodea, más que a vosotras mismas. Por lo tanto, os recomiendo lo que veis en la fotografía, a la derecha: camisa de cuadros, en algodón de batista. Jersey de manga larga en lana (y si tiene coderas de ante, mejor) y un chaleco de plumas. Vaquero estrecho y dos opciones: si la tierra está húmeda, unas Hunter serán ideales. Si la tierra está seca y sólo hay polvo, podréis recurrir a las ya míticas botas Kickers o a los náuticos Camper. Como toque personal, una gorra de panilla, levemente ladeada. Este look es también apropiado si os invitan a una cacería y es la primera a la que váis. Es decir, no conocéis el nivel de la misma. De este modo, ni dáis el cante por ir extra-equipadas ni por todo lo contrario.

Con esto, el paisaje será vuestro. Tanto si estáis en un parque (con la comodidad de poder sentaros en donde os apetezca, jugar con vuestro perro o darle de comer a las palomas) como si os váis al campo (sin resbalones ni hundimiento de pies). Nunca viene mal reciclar, con aire sano, nuestros pulmones castigados.

No se te ocurra: ponerte unas botas UGG o cualquier tipo de botas con pelito variado. Ya han tenido su momento de gloria y ahora descansan tranquilamente. Despiértalas solamente para una jornada de après ski.
Llevar tacones. Salvo que pretendas contribuir al sembrado de los campos con todos esos agujeritos maravillosos que irás dejando en el terreno.
Enjoyarte y aplicarte maquillaje por ti y por todas tus compañeras. El complemento muy en su justa medida. En el primer caso, con un pendiente pequeño y un anillo es suficiente. En el segundo, sólo tienen cabida (en todo caso) los pendientes chiquititos y discretísimos.
Las faldas. ¿Conoces alguna manera de sentarte cómodamente en el suelo con una minifalda?
Si hablamos de campo ex-urbe, entonces olvídate de los colorines. Naranja, amarillo, fucsia y todo tipo de colores llamativos se descartan. Piensa en el paisaje y mimetízate con él.

Lo encontrarás en: las botas Hunter han sido protagonistas extremas hace cuatro años y eso se notaba en su precio. En este momento son más accesibles y siguen siendo una maravilla. En Madrid las tienes en Suela y en Yube.

Seguid tan guapas.

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