El final del verano

Septiembre. Qué mes extraño. La vuelta al cole, la depresión postvacacional, los marrones oficiniles y el “no sé qué ponerme” más grande de la temporada. Pasa siempre que llegamos a esas fechas transición, en las que la temperatura ya no es de verano total pero tampoco se transluce el otoño. Fechas difíciles en cuanto a indumentaria, entre otras muchas cosas. Para estos pequeños tragos amargos que nos depara nuestro armario, veamos soluciones posibles en materia de vestimenta para un final de temporada.

No es aún momento de salir corriendo en pos de las últimas tendencias de otoño. Ni el clima ni la economía la permiten. Lo más inteligente es dotar de nuevas dimensiones a prendas que cuelgan en nuestro armario desde aquel tan lejano mes de junio. Por ejemplo:

  • Los minivestidos. Seguro que cuelga más de uno de nuestras perchas. Da igual si son corte túnica, camiseros o de tirantes. Podremos reaprovecharlos. El cómo es muy sencillo: con un vaquero pitillo bajo los mismos. Si es de tirantes, con una camiseta de algodón y manga corta. Sustituimos sandalias por zapatos jazz y si aún tenemos frío, un cardigan largo de punto fino.
  • Las blusas amplias. Funcionaban a la perfección con shorts, pero eso de llevar tanta pierna al aire ya no nos apetece tanto. Es la opción pluridisciplinar:
  1. Con pantalones vaqueros de cintura alta y pata ancha. Con maxipulseras y sandalias de cuña de esparto, muy altas. Sombrero de ala ancha y bolso de flecos, largo, estilo bandolera pero colocado sólo de un hombro.
  2. Con faldas de cintura alta. Con taconazo peep toe y bolso maletín de dos asas.
  3. Con pantalón pitillo y zapato jazz. Collares largos y chaquetas de punto de manga francesa y cuello redondo.
  • Las blazier. Magníficas para mañanas más fresquitas. Con camisetas de algodón largas, pitillos y All Stars. O en su defecto, bailarinas escotadas. Pañuelos largos, de seda, colocados asimétricamente o foulard alrededor del cuello. O sin nada al cuello y un borsalino.

La cosa está muy mala y peor que se pondrá. Así que agudicemos el ingenio, que seguro que nuestro armario puede sorprendernos mucho más de lo que pensamos.

Seguid tan guapas.

No se te ocurra: medias. Todavía es demasiado pronto para ponérselas. Y mucho menos transparentes… Si tienes frío, echa mano de los pantalones o de los vestidos largos.
Cualquier prenda de avance de temporada del tipo botas, abrigos, lanas… Te queda mucho invierno para cansarte de ellas, así que vete con el clima, no con tus ansias de estrenar.
El método cebolla. Superponer prendas no tiene nada que ver con colocárselas una encima de otra sin sentido. Intenta que guarden equilibrio y armonía entre sí.
Ir de shorts y microvestidos, miniminifaldas, barrigas al aire y demás. Es septiembre, y aunque haga calor (sobre todo en el sur) los días son más cortos y hay que ir cambiando el hábito veranil.
Tejidos y cortes playeros. O chanclas estilo Havaianas. Fuera de la playa NUNCA. Y menos en septiembre.
Sandalias planas estilo thong lloviendo. Agüíta que entra y que sale sin parar. Dedos mojaditos. Ufff, no, qué indecoroso, por favor…

Lo encontrarás en: el minivestido es de Paul&Joe Sisters para H.A.N.D. La blusa, de Bimba&Lola.

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