El chollo

La fiebre del consumismo alcanza cotas insospechadas en los meses previos al verano. Pero sucede que tampoco desciende ni decae a lo largo del mismo. Nos perdemos sin remedio ante las tentaciones de los avances de temporada de verano, de la temporada misma, de sus rebajas, de los avances de la temporada otoñal. Y si decidimos dejar la ciudad, escapararnos de las tentaciones escaparatiles a rincones apartados de la geografía mundial, allí donde vayamos siempre acabamos encontrando dónde abandonar nuestros euros a cambio de un pedazo de algo que se pueda vestir. Los mercadillos cobran especial protagonismo en verano, aplacando nuestra sed de compra y de gangas, ya que venimos de unas rebajas que nos encienden la mecha en la búsqueda del chollo. Es extraño no encontrar un mercadillo. Vayamos a donde vayamos siempre hay uno. Varían su contenido en función del lugar en el que se encuentren (más o menos “glamouroso“), pero siempre hay uno.

Como para cualquier otra jornada de compras, se imponen ciertas reglas que es preciso respetar si no queremos llevarnos a casa tropecientos trapos inútiles. Veamos cómo acertar de compras en un mercadillo.

Si vamos con la cabeza amuebladita es posible que encontremos auténticas preciosidades. Fundamental (además de analizar el contenido de nuestro armario para no traer algo innecesario) es valorar la calidad del tejido, el corte, el estampado y el uso que le vamos a dar. Compras probables y de las que es difícil arrepentirnos:

  1. En un mercadillo es fácil encontrar buen algodón, así que lánzate a por aquéllo que esté confeccionado en este material, sobre todo si son vestidos para la playa, para una puesta de sol o una barbacoa en casa. Tanto largos como cortos. Si nos decantamos por uno largo, encajará para una tarde-noche con invitados en casa. Podemos combinarlo con unas sandalias de tacón de madera (magníficas las de antifaz de piel de Pedro del Hierro), brazaletes combinados y una chaqueta de punto, larga, en color verde. Si hablamos de puesta de sol, cambiaremos las sandalias de tacón por unas romanas, y los brazaletes por unas criollas doradas con pañuelo al pelo.
  2. Accesorios, principalmente collares largos, pulseras o anillos en madera de coco. Cuidado: siempre dicen que están hechos en materiales naturales y diseños exclusivos y no sé qué más. Guíate por tu instinto y sé razonable.
  3. Pareos. Fácil encontrarlos, incluso originales.
  4. Foulard. De colores, estampados, grandes, pequeños…
  5. Diseños especiales en complementos. Algunos casos los mercadillos ocultan pequeñas sorpresas de artesanos que elaboran sus creaciones a muy pequeña escala, y podemos hacernos con algún broche, brazalete o collar diferente.
  6. Objetos extraños, descontextualizados a los que dar nueva vida. Como los cestos de mimbre para llevar a la playa, bustos como sujetalibros, camafeos, botones, cintas, cremalleras, botellas de cristal que se convierten en búcaros, raras ensaladeras en vacíabolsillos y mil opciones más.

Agárrate bien el bolso, pasea, diviérte y déjate llevar por la gente. Cuando uno no busca, cuando está relajado, siempre encuentra. Y con lo que se topa siempre es sorprendente.

Seguid tan guapas.

No se te ocurra: dejarte arrastrar por la fiebre del mercadillo y sus cincuenta calcetines por dos euros. Aunque con toldos y en la calle, las reglas de compra son las mismas que en las rebajas de Zara: por muy barato que esté algo, no lo compres si no te hace falta.
Acudir a comprarte ropa sin conocerte lo suficiente. Hay que controlar muy bien qué es lo que le queda bien a una y lo que no. Apenas hay espejos ni probadores. Se compra a prenda vista y es muy importante visualizarse mentalmente con la prenda puesta.

Llevarte a casa dos millones de camisetas de algodón. Sigo pensando que a no ser que las vayas a customizar formando parte de una colección, no te van a hacer falta en absoluto.

Gastar mucho. Es un mercadillo. Antes de preguntar el precio de algo, pónselo tú mentalmente, y si no se ajusta a lo pensado, no lo compres.
Lycras NO. Proliferan por esos terrenos, pero ni se te ocurra sucumbir. Esas camisetas de lycra brillante, en colores flúor, con sus tirantitos… escalofríos veraniegos que me entran. Por no hablar de los estampados animalísticos, con sus leoparditos, cebritas, cocodrilitos… brrrr…

Comprarte el modelito que se repite en todos los puestos. Como los leggings a la rodilla con lazo lateral, la camiseta corte halter, el vestido estampado de mil colores o los pantalones hindúes con estampado de flores. Si están en todos, es que los tendrá todo el mundo. Intenta encontrar la pieza que parezca más especial, diferente.

El calzado. Salvo excepciones suertudas, el calzado de mercadillo es malo. De pésima calidad. De plástico, polipiel y materiales cutres varios. Ahí incluyo todo tipo de zapatos corte salón con punta, en charol de colorines y con diferentes alturas de tacón (también en sus versiones peep toe). También las chanclas esclava de plastiquete brillador y las sandalias de tiras imposibles. Ésta es la regla general. Si te encuentras con restos de marcas o con saldos, entonces al ataque: estás de enhorabuena.

Maquillaje. Tu piel se merece más cuidado. Aunque sea de marca, de restos de almacén, yo no recomiendo comprar tratamientos faciales en un mercadillo. Estar bajo el sol no es lo más apropiado para este tipo de productos.

Dejarte llevar por la oleada mercadillil y comprarte la imitación de tu colonia. Si no nos llega el presupuesto para tener la de verdad, pues nos ponemos agua de baño, que es fresquita y maravillosa.

Y si va de imitaciones, lo mismo con los bolsos, cinturones, carteras y demás. Ahora imitan hasta las joyas de Tous. Lo de siempre: o el de verdad o el de Zara/H&M/Mango. No pasa nada por llevar un bolso de Trafaluc. En cambio es muy muy muy cutre llevar uno de Louis Truiton.

Comprarte unas gafas de sol. Salvo que tengamos la certeza de que son auténticas pero se trata de restos de colección, nunca nos compraremos unas de pega. Sin ojos no volveremos a sentir el placer de una tarde de compras… (entre otras cosas más importantes, claro).

Lo encontrarás en: el vestido es de un mercadillo en Conil de la Frontera (Cádiz). El brazalete dorado de Massimo Dutti, y el naranja de La caja de Pandora.

* Aunque no soy muy dada a este tipo de manifestaciones, hoy lo hago excepción por cortesía. Valeria y las luciérnagas ha querido compartirlo conmigo y no podría hacerle el feo. Un bonito detalle hacia mí.

Entre las reglas he de formular seis valores importantes para mí y otros tantos que no lo sean. Vaya por delante que aquello que no es importante, deja de ser un valor.
– Valores importantes: lealtad, honestidad, confianza, respeto, tesón y valentía.
– Lo que no tiene valor: cobardía, miedo, falsedad, cinismo, hipocresía y vanidad.

Por último, los nominados. Como va de esfuerzo personal, se lo entregaré a El Jardín de Lulaila, El escaparate del bazar, El blog de mis pequeñas historias, Miss 4 cosas, Baballa y la pequeña Namy.

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