
- Informal: con un vestido de gasa de seda, maxicardigan, calcetines a la rodilla y mocasines. Al abrigo le pondremos un broche de aire naïf para mimetizarlo con el estilo de nuestra elección.
- Elegante: buscamos un vestido negro de manga francesa, entallado y largo a la rodilla. Medias de plumeti y salones de ultratacón con plataforma delantera. Ahora el broche, que sea de pedrería, muy años 40.
- Canalla: entonces unos legging de paillettes, sandalias de tiras anchas, tacón y suela de madera. Camisa masculina blanca y un collar de argollas, dorado.
De este modo, el abrigo irá con nosotros desde primera hora de la mañana hasta primera hora de la mañana… del día siguiente.
Seguid tan guapas.
No se te ocurra: comprarte un abrigo muy estampado para que sea un básico. Estará bien como complemento para determinados estilismos, pero no como un elemento sólido de nuestro fondo de armario.
Mantenerlo por los siglos de los siglos aun cuando ya lo hemos puesto tanto que tiene pelotillas del tamaño de un teléfono móvil. Por mucho que sea bueno buenísimo, en algún momento dejará de ser indispensable.
No tener imaginación. Vale que hay abrigos tan buenos que no necesitan casi nada más que sí mismos, pero tampoco te permitas ir cada día con un jersey de cuello vuelto y ya está.
Del mismo modo, no te camufles. Es decir, no te empieces a poner prendas una sobre otra, mezclando miles de tendencias de manera que nada destaque. El truco está siempre en convertir algo en protagonista.
Lo encontrarás en: el abrigo es de Étoile de Isabel Marant para H.A.N.D. El look de la derecha, de Bimba & Lola. Y si quieres alegrar tu abrigo con un broche original, no dudes en elegir una Lulaila. ¿Qué te parece La Mytique Coco Chanel?


