Nada como el hogar

Difícilmente podemos comparar con otras cosas el maravilloso placer de llegar a casa, quitarnos los tacones y ponernos cómodas. O el domingo de lluvia intensa, en casita, viendo llover a través de los cristales mientras ordenamos cajones o leemos tranquilamente. Esos momentos de absoluta tranquilidad nos provocan una felicidad automática. Por eso, es importante que nos sintamos igualmente bellas, para que al pasar delante del espejo no nos llevemos un susto de muerte al vernos con escandalosas pintas. Tanto para estar por casa como para dormir existen múltiples opciones asequibles y muy ponibles sin tener que llegar al extremo de “la Jessi” de “Sin tetas no hay paraíso” (¿por qué va siempre semisdesnuda por su casa?)

Dicho esto, veamos opciones tanto para estar en casa como para dormir:

  1. Para estar en casa se impone sin duda la comodidad. Las opciones son muchas, desde los pantalones de algodón anchos, con cordón para sujetar a la cintura, combinados con camisetas de algodón y cárdigan de punto; las camisas masculinas de algodón grueso con camiseta básica blanca y mallas de algodón; hasta opciones más divertidas y atrevidas (y para casas calurosas) de short de algodón con medias de rayas por debajo de la rodilla, camisetas de tirantes y cárdigans largos. O las más tradicionales de sudaderas con pantalones de algodón.
  2. Para dormir podemos optar entre la comodidad total y absoluta o la femineidad extrema. Si somos muy cómodas, un pantalón de batista, masculino, con camiseta de algodón ceñida. O pantalones coquetos de los múltiples que hay en el mercado con camisetas de tirantes, manga larga o corta en función de nuestro nivel de temperatura dormidil. O shorts y camisitas de tirantes, todo de algodón. O camisones naïf de estampados florales o aquéllos más que cortitos. Ahí ya entra la imaginación y la comodidad de cada una.

Eso sí, tanto para estar en casa como para dormir, lo fundamental es la compañía. Es el complemento esencial y a la vez, el más difícil de encontrar.

Seguid tan guapas.

No se te ocurra: el “esto lo dejo de andar por casa”. Reciclaje está bien, pero el collage de prendas varias que cobran nueva vida fuera de su hábitat original es un poco cutrecillo. Vale para una camiseta, para un jersey… pero pantalones masculinos o chaquetas de punto con pelo en el cuello, pues no.
Estar en casa con la ropa de la calle. No es por nada, pero no lo recomiendo en aras a perpetuar el buen estado de nuestras prendas. La ropa en casa se estropea mucho, sobre todo si tenemos que estar en la cocina, con niños o atendiendo tareas domésticas varias. Incluso comiendo. Y ya no digo nada eso de tirarte al retortijismo de sofá. La ropa queda hecha un chicle.
Todo el día en pijama sin estar en cama. Es decir, comer en pijama, limpiar en pijama, etc. y después meterse con ese mismo pijama cochambri en la cama. Llamadme escrupulosa, pero es un pelín cochinín acostarse con la fritanguilla del cocinismo y los ácaros sofaciles, sudores varios, etc… A dormir mejor fresquitas.
Los pijamas de ositos, vaquitas, muñequitos varios… que sí, que a mí me encantan esos diseñitos. Para ver, no para usar. Más allá de una cierta edad no son muy recomendables. Aunque dejo esto para gustos, claro.
El skyjama. Y si es en un hombre ya no quiero ni decir nada. Terrible. Los skyjamas deberían de haber sido erradicados de la industria textil. Formaron parte de nuestra infancia (con sus osos amorosos) pero salvo para disfraces, no volvamos a usarlos.
Las zapatillas de cuadros al más puro estilo pantuflas. Son muy Fraguel Rock, pero poco favorecedoras, la verdad.

Lo encontrarás en: el pantalón de pijama es de Oysho. Las zapatillas de casa, de la colección de Bimba Bosé para Women’s Secret.

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