La vida es una tómbola

Podemos pensar en términos filosóficos y adivinar el porqué de esta afirmación. Ponernos metafísicos, reflexivos, melancólicos y mil adjetivos más mientras pasan millones de situaciones fruto de esta máxima que tan bien interpretaba Marisol. Sin embargo, fiel a mis principios frívolos, me centraré en esa tómbola que es la genética, que nos dota de un código que debemos conocer no sólo para vestirnos adecuadamente a nuestras características físicas, sino también para hacernos con ciertos productos apropiados a las peculiaridades del envase de nuestro cuerpo. Así que, siguiendo esos memes cremosos que circulan por ahí y que dan buenas ideas, me atrevo con mis propuestas. En este caso, para una piel seca y extremadamente sensible como la mía.

Está claro que los milagros no existen y que los tratamientos maravilla tampoco. Pero sí existen determinados productos (nunca importa el precio, no hace de mejor calidad un tratamiento porque su precio sea el más elevado) que pueden hacernos sentir mejor, más confortablemente. Así que, la primera máxima será buscar aquel que se adapte a las necesidades de nuestra piel o de nuestro cabello, sin pensar ni en marcas, ni en precios.

Vayamos por partes:

  1. La cara y el cuello: una piel sensible y seca en la cara todavía lo será más. Está continuamente expuesta a las agresiones del ambiente y del sol. En un caso como el mío recomiendo evitar el agua. El contacto con el agua la agrede. Por lo tanto, cada vez que sintamos la necesidad de “lavarnos la cara”, mejor utilizar el Agua Termal de Avène en spray. Es recomendable desmaquillarla con el fluido de Toleriane. Masajeando la piel y retirándo los restos con un disco desmaquillador. Suavemente, sin arrastrar. Para los ojos, el Clean Sensitive para ojos sensibles de Garnier es maravilloso (no pica ni escuece) y muy barato. Si hay prisa, las toallitas desmaquillantes para pieles sensibles de Garnier son muy suaves. Para eliminar bien lo que queda, el Agua Termal de Avène es magnífica (también en la playa, para retirar la salitre, que es más que agresiva). Por último, hidratarla bien. Yo lo hago con la Nivea de la lata azul de toda la vida. No tiene perfumes, es muy cremosa y grasa. Justo lo que mi piel necesita. Si me he mojado la cara con agua del grifo, entonces la Crema para Pieles Intolerantes de Avène. Veo en la fotografía que me he olvidado de algunas cosas. Como el contorno de ojos, de Ystheal +, también de Avène, o el exfoliante. Un gommage de Clarins. Exfoliar la piel es fundamental para que absorba la crema hidratante. Eso sí, con cuidado. Las pieles sensibles no deben hacerlo nunca más de una vez al mes. De los labios no podemos olvidarnos. Un hidratante labial con protector solar es fundamental. Enydrial de Roc es mi preferido. Actúa como un gloss pero sin resecarlos ni dejarles color blanco horrible.
  2. El cabello: en mi caso, mi pelo es normal. No se engrasa. También es muy fino. Como lo llevo corto, para darle volumen utilizo un champú de Kanebo especializado en aportar volumen. Nunca utilizo el secador, así que si quiero jugar con mis “caracoles” naturales, le aplico la espuma Moulding & Treatment Foam de Ginzakami. En general, recomiendo que el cabello lo lleve un especialista. No se trata de tener solamente el pelo limpio. Hay que nutrirlo, cuidarlo. Yo dejo que me traten en el Loft of Beauty by Auro. Auro y su equipo se encargan no sólo de cortármelo. También me recomiendan nuevos tratamientos, me aplican baños de proteínas o acentúan mi color natural con la henna. Además es un espacio que es puro vicio y bienestar. Yo lo adoro.
  3. El cuerpo: mi piel sigue siendo seca. Así que siempre, todos los días (y cada vez que toco el agua) me aplico hidratante de Isdin Ureadin 10. Es una loción bastante espesa. Pero para pieles muy secas elimina todo tipo de grietas y manchas por deshidratación. Una vez al mes, exfolío el cuerpo con Lipidiose de Vichy. Por la misma razón que con la cara: las células muertas acumuladas impiden una buena absorción de los tratamientos. La celulitis es otra de mis herencias. He probado de todo, pero el Body Creator de Sisheido se acerca bastante a lo que consideramos como milagroso. Las manos también forman parte del cuerpo. Las hidrato cada noche con el concentrado reparador de Body Repair de Garnier. También las exfolío una vez cada dos semanas. Los pies jamás han de olvidarse. Siempre han de llevarse arreglados, aunque sea invierno. Sufren todos los maltratos posibles, así que una vez a la semana es recomendable dejarlos descansar con sales (no están nada mal las sales para pies de Ikea), en agua caliente. Exfoliarlos, hidratarlos y arreglarlos. El toque final lo pone la laca de uñas. No me suelo pintar las de las manos, pero siempre las de los pies. Mis preferidos son el Rouge Diva y el Cerise Noir de Bourjois; y el magnífico Blue Satin de Chanel que queda ideal con sólo una pasada.
  4. El maquillaje: las pieles delicadas han de prestar especial atención al maquillaje y también a los útiles para aplicarlo. Los pinceles han de ser suaves, que no rasquen. Los de MAC son una buena opción calidad-precio. Aunque las borlas de Chanel son una maravilla… Siempre me aplico mi querida Nivea; y en verano, además, la protección solar. No suelo usar base. Muy raramente me la aplico. Si lo hago, utilizo el Mate Cashmere de L’óreal. Siempre en un tono por debajo del de mi piel. Sobre ella, aplico los polvos sueltos, el Prisme Libre de Givenchy. El mejor acabado que he probado nunca. También un tono por debajo del de mi piel para huir del efecto máscara. El descubrimiento de esta maravilla se lo debo a Paupe (espero que vuelvas pronto). Si hay algo sin lo que no puedo vivir, es el corrector de ojeras. Mi legado familiar consiste en unas más que oscuras que nunca se van con ningún tipo de tratamiento. Por eso, ya no me gasto los euros en ellos. Así que me aplico el Effacernes Longue Tenue de Lancôme para cada día, o el de MAC si me voy a aplicar base. El blush también es fundamental. En un tono dorado (soy morena) para el día a día, de Bourjois, aplicado en las mejillas y en el párpado móvil; y rosado para maquillajes más nocturnos con rouge. Para los ojos, utilizo la máscara de Dior Show. También son maravillosas las de Lancôme. Y siempre, Belcils antes de maquillármelas. Las refuerza y protege. Si me voy a maquillar más intensamente, entonces utilizo sombras de ojos. Desde la carbón de MAC para ojos ahumados, hasta los tres tonos dorados de L’óreal, en función del estilo. Con los labios, igual. O bien un gloss de Clarins para el día a día, un brillo de Helena Rubinstein para maquillajes más suaves, o el maravilloso rouge de Guerlain, si voy pisando fuerte.

Y nunca, nunca, nunca sin perfume. El perfume nos define, comunica nuestra esencia y personalidad al resto de la gente. Cuando elijo uno, siempre soy fiel a él. Y si opto por una nueva fragancia curiosamente suele coincidir con cambios en mi vida. Hace poco me he pasado a Armani Code. Y estoy encantada.

¿Otros consejos? Comprar botes pequeños, para poder viajar con ellos sin necesidad de facturar o de ocupar media maleta (sobre todo si eres de las que viajan mucho). No elegir tratamientos demasiado perfumados (lo que incluye a los geles de ducha) si tienes la piel seca y sensible. O comprarte un buen quitaesmaltes sin acetona. Pintarse las uñas implica también desmaquillarlas.

Está claro que la cosmética es un gasto más, en ocasiones hasta puede ser desorbitado. Y que los milagros no existen. Ningún producto nos va a cambiar la vida, por lo que yo recomiendo sentido común con las necesidades de nuestro cuerpo, y con nuestro bolsillo. No es cuestión sólo de suerte genética ni de adquirir productos caros. También es cuestión de constancia y de buenos hábitos. Además de dormir y de beber 2 litros de agua, es importante no fumar, beber con moderación, no trasnochar y hacer ejercicio. Y no olvidarnos de cuidar nuestra alimentación: somos lo que comemos, y a la larga, se nota. Recomiendo reforzar una alimentación sana, sin grasas saturadas y con horario de comidas, con cápsulas de levadura de cerveza para nuestra piel, pelo y uñas; germen de trigo como antioxidante o beta-caroteno para preparar nuestra piel para el sol. Sólo tenemos una piel, y debemos mimarla.

No se te ocurra: gastarte una barbaridad en cremas si no eres constante. Primero tienes que adquirir la costumbre, luego comprarte las cremas. De nada sirve que te las compres pensando en que así te vas a obligar a usarlas.
Presumir de que no te cuidas, sobre todo si tienes 20 años. Lógico, la juventud tiene ese tipo de privilegios. Pero a la larga, que te cuides por dentro y por fuera (que no significa abusar de cremas), tiene recompensa.
Presumir de que tienes un armario lleno de cremas. No por aplicarnos más cosas vamos a estar más divinas. La maravilla física es el resultado de la suma de cremas+buenos hábitos+herencia.
Comprarte miles de tratamientos pero comer a deshora, picotear todo el día, abusar de las grasas y de la bollería, fumar descontroladamente, beber miles de bebidas carbonatadas, no tomar fruta ni verdura, no hacer ejercicio, estar todo el día de copas y dormir poco y mal. No servirán de nada.
Pintarte las uñas de los pies o de las manos sólo por no tener que arreglártelas. Sin comentarios…
Irte a la cama sin desmaquillarte. Es ultraperjudicial. Imagina los poros de tu piel llenos de tapones de bañera, sin poder respirar. Así los dejarás toda la noche.
No limpiarte la cara antes de dormir si no te has maquillado. Aunque no te maquilles, has de limpiártela. A lo largo del día es mucha la suciedad que se acumula en ella.
Utilizar cremas que no son para tu edad. Pueden resultar agresivas para tu tipo del piel. Vete dándole siempre sólo lo que necesita.
Inundarte en perfume. Conseguirás que todo el mundo caiga rendido a tus pies… pero sin respiración, claro.
No respetar las fechas de caducidad. Las cremas también caducan, y pueden hacer pupita si no lo respetas…
Tomar infusiones descontroladamente. Aunque no lo parezca, las hierbas también tienen efectos secundarios y contraindicaciones. Déjate asesorar por un especialista.
Tratar de encontrarte a ti misma a través de la cosmética. Los tratamientos ayudan a hacernos sentir mejor, pero no son el elixir de la felicidad. Mejor buscarla en nuestro interior, en nuestro equilibrio emocional. Es la única manera de que siempre, con más o menos arrugas o kilos, siempre nos guste la imagen que nos devuelve el espejo.

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