El Ideario: Bodas de plata

Otra de las cosas que proponíais eran diferentes ideas según qué situaciones. Por eso nace El Ideario, para ir llenándolo de propuestas variadas. Ángela solicita la primera de todas, y quiere saber cómo se debe acudir de manera más o menos adecuada a una celebración de bodas de plata. Más concretamente, a un banquete.

Las bodas de plata no tienen el formalismo de las bodas como tal, por mucho que se haga igualmente una misa en la que se renueven los votos. El formalismo en realidad equivale a celebraciones del tipo de los bautizos. Es decir, vendrá marcado por el grado de solemnidad que le otorgue la familia que lo organiza.

Puede suceder que no sepamos cuál es ese grado, así que vamos a idear algún conjunto que se adapte a temas más elegantes o más cotidianos.

Lo más sencillo es siempre un vestido. Como se trata del otoño, buscaremos algo en seda o gasa de seda. Para combinarlo:

Diadema de El jardín de Lulaila. Clic para verla más grande. La puedes comprar aquí.


  • Si es muy formal, con un tocado sencillo, pequeño o incluso una diadema en tul. Guantes mini y una chaqueta estilo blazer. Cartera de mano y zapato de corte salón o peep toe con la media tupida.
  • Algo menos formal y puedo sustituir el tocado por un cinturón ancho. Un abrigo con un buen broche en la solapa.

Lo mejor del vestido es que lo podré socializar para un día a día cualquiera, con unas botas de caña alta y una chaqueta de punto grueso.

Si el vestido no es lo mío, no tengo por qué renunciar al pantalón. Buscaré unos negros, de corte sastre o de aire masculino, con un zapato de tacón. Y una blusa de seda, de cuello a la caja, en blanco. Con un abrigo o con una chaqueta de pelo a la cintura. Y una cartera de mano joya, con detalles en dorado.

Fundamental tener muy presente que no por ponernos más brillantes y lujosas vamos a estar mejor. La ocasión marca el índice de recargamiento al que nos tenemos que someter.

Seguid tan guapas.

No se te ocurra: reaprovechar el vestido de la última boda a la que fusite. Cuidadín, que los brillis y los tejidos demasiado ricos no tienen cabida. El truco está en concebirlo como una invitación a un bautizo.
Nunca shorts ni minifaldas. Puede que sea informal, pero tampoco es cuestión de pasarse.
Si vamos en traje sastre, hay que intentar que esté festivo, no que parezca que acabas de salir de una reunión de trabajo.
Nada de botas si la comida o cena tiene tintes formales.
No pasa nada por llevar un trench, pero en cambio un anorak o plumífero es la prohibición. Si hace tanto frío, pues te pones pieles o un buenísimo abrigo, que pueden con todo.
Si bien es cierto que si el tema no es muy formal no es necesario llevar cartera de mano, tampoco te plantes con el bolsaco de cada día, del que sobresalen la agenda y el papel de alumnio del bocadillo.

Lo encontrarás en: ambos vestidos son de Tonalá. La diadema es de El Jardín de Lulaila. La puedes comprar aquí. También la hay en fucsia o en dorado.

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