El bellezario: Con la cara lavá

Nunca me lavo la cara con agua. Puede sonar a cochinada, pero es cierto. Hace tantos años que no lo hago que ya ni me acuerdo. El agua del grifo es asesina, llena de cloro y marranaditas varias antinaturales que sientan fatal a las pieles sensibles y delicadas, como es mi caso. Así que la mojo lo estrictamente necesario. En esto, cuento con la ayuda del Agua Termal de Avéne. Un auténtico imprescindible para mí sin el que no puedo vivir.

El agua termal de Avéne es agua termal como tal. No tiene ningún aditivo, ni avena ni nada. Es agua. Pero de una fuente con propiedades termales, por eso es calmante y protege contra las irritaciones. Se presenta en una bombona en tres tamaños diferentes (el mini, el medio y el maxi) con spray que pulveriza el agua en pequeñísimas gotitas que dejan una sensación muy refrescante y relajante. Después de aplicarla, se seca la piel y se echa una hidratante. La diferencia se nota.

Aunque se puede aplicar en cualquier parte del cuerpo (por ejemplo, si te has quemado en la playa o después de la depilación para calmar la piel), personalmente, la uso en la cara. La utilizo cada mañana al despertarme. Tras desmaquillarme, como si fuera un tónico. Después de maquillarme para fijar la base (en ese caso, no la seco). En viajes largos de avión. O en la playa al salir del agua, para eliminar el salitre. Y siempre le soy fiel. Para mí, no hay otra que valga.

La encontrarás en farmacias o parafarmacias. El tamaño mini es ideal para viajar. Y el maxi sólo es recomendable si lo usan varias personas ya que el agua termal con el tiempo pierde fuerza. El midi (150 ml.) cuesta alrededor de 8 euros.

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