¿Cómo me lo pongo?: Doble vida

Un vestido negro es el salvavidas ideal. Y más para estos días de fiestas variadas, de cenas y comidas. Si nuestro vestido negro además se trata de una magnífica pieza, entonces más partido aún le sacaremos y durante muchísimo más tiempo. Pintureras lo sabe, y se ha hecho uno a medida. De manga al codo, escote a la caja, levemente entallado y con un lazo colocado en el medio a la altura del pecho. Una pieza confeccionada con mucho detalle y cuidado que desea utilizar tanto para una comida con amigos como para una cena más elegante.

Lo primero que hay que pensar es que este vestido está muy cuidado por lo que añadiremos complementos con mesura. Con esto:

  1. Para comer con amigos: lo ideal es elegir unas medias especiales, como las tupidas que llevan una leve aplicación de brillantina, para enriquecer el conjunto. Una bailarina negra y un abrigo igualmente negro. Para alegrar el conjunto, un foulard grande, de seda. Otra opción es una media tupida negra y una bailarina de color. El abrigo intentaremos que sea del mismo color que la bailarina. El bolso ideal, será un midi, de mano.
  2. Para una cena más elegante: en este caso, olvidamos la media tupida y nos decantamos por la media de cristal, muy fina, también negra. La atención derivará hacia el zapato, cuya elección tendremos que cuidar. Mejor uno abotinado, bicolor (tanto el típico crudo/negro como negro/jade, por ejemplo), con cordones y tacón muy alto. Un abrigo con cinturón, de color negro, y cartera de mano rígida y pequeña. Y el punto maravilloso, unos guantes cortos, de piel y a juego con el otro color del zapato (o crudo o jade).

Y si algún día nos aburrimos de verlo demasiado, sólo tenemos que quitarle el lazo del pecho y añadir collares largos o broches de pedrería. Lo que interesa es que envejezca con nosotros.

Seguid tan guapas.

No se te ocurra: vulgarizarlo. Con cosas como medias flúor, por ejemplo. Un vestido tan elegante no va con experimentos.
Brillantina a saco. Vale que elijas unas medias un pelín adornadas, pero no que parezcas un espumillón con vida propia.
Mientras el vestido lleve ese lazo en el frente, olvídate de collares y broches. En cambio, las pulseras son totalmente bienvenidas.
Medias de rejilla y menos si es grande. Y de las medias transparentes ya sabes que ni de superbroma, ni siquiera el día de los Santos Inocentes.
Con un jersey de cuello vuelto debajo. Si hace frío, pues te compras una Damart, pero nadie tiene por qué enterarse de que vas forradita.
Nada de botines. Una cosa es un zapato abotinado, y otra cosa muy distinta y terrible es ponerle a este vestido tan coqueto un calzado tan canalla.
Combinarla con una cazadora de cuero. La biker no está hecha para esto.

Lo encontrarás en: el look de la derecha es de Pedro del Hierro.

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